La Educación Continua como timón en un mundo en constante cambio

En la “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman, donde el cambio es la norma, la educación continua se convierte en el único elemento guía confiable ante la reina de nuestros tiempos, la incertidumbre. Hoy en día, cualquier forma de aprendizaje ya sea formal o informal, constituye un valor esencial para navegar estos tiempos volátiles.

Bauman describe nuestra época como aquella donde “los sólidos que se están derritiendo son los vínculos entre las elecciones individuales y las acciones colectivas”. Simultáneamente, Gilles Lipovetsky caracteriza la sociedad del “híperconsumo” donde se buscan “ganancias en el nivel personal: placer, emoción, aventura, comunicación”. En este contexto de fluidez constante, toda experiencia educativa aporta al capital humano necesario para la adaptación continua.

Los datos confirman esta urgencia: McKinsey proyecta que “hasta 375 millones de trabajadores a nivel mundial podrían necesitar cambiar de ocupación y aprender nuevas habilidades para 2030”. El World Economic Forum advierte que “el 39% de las habilidades clave requeridas en el mercado laboral cambien para 2030”. Ante esta realidad, ninguna modalidad educativa puede ser desestimada.

La UNESCO reconoce que “la educación a lo largo de toda la vida abarca actividades de aprendizaje para personas de todas las edades en todos los contextos de la vida y a través de diversas modalidades (formal, no formal e informal)”. Esta perspectiva inclusiva es fundamental porque “el aprendizaje tiene lugar en diversos entornos, ya sea en instituciones formales, en el trabajo o en casa”.

Los especialistas consideran que esta amplitud no diluye la calidad sino que la enriquece. Un trabajador que aprende mediante tutoriales en línea, una madre en talleres comunitarios, un jubilado que estudia idiomas por aplicaciones móviles: cada experiencia contribuye al desarrollo humano. La educación no formal posee ventajas específicas: flexibilidad, adaptación inmediata, menor costo, mayor accesibilidad. En la modernidad líquida, estas modalidades flexibles son herramientas particularmente valiosas.

Las tecnologías digitales han democratizado el conocimiento sin precedentes. “Las tecnologías digitales pueden democratizar el acceso al conocimiento, permitiendo que más personas participen en el aprendizaje continuo”. Plataformas masivas, videos educativos, podcasts, aplicaciones, comunidades virtuales han creado un ecosistema educativo global donde el aprendizaje ocurre en cualquier momento y lugar.

Los expertos plantean que la sociedad debe adoptar una “ecología del aprendizaje” que valore todas las formas de educación continua. En lugar de jerarquías rígidas, se propone reconocer que cada modalidad aporta valor único: la formal proporciona estructura y credenciales; la no formal ofrece flexibilidad y especialización práctica; la informal permite aprendizaje contextualizado y socialmente relevante.

La UNESCO propone “reconocer, validar y acreditar las habilidades adquiridas en entornos no formales o informales”. Este reconocimiento es una necesidad práctica urgente. En un mundo donde las habilidades técnicas se vuelven obsoletas rápidamente, las competencias desarrolladas en contextos informales se convierten en los activos más valiosos.

En conclusión, en estos tiempos líquidos donde “el individuo se encuentra con que ese futuro se ha desvanecido”, la capacidad de aprender constantemente es la única certeza disponible. Cada experiencia educativa, formal o informal, académica o práctica, suma al acervo necesario para navegar la complejidad contemporánea. Todo aprendizaje cuenta, toda enseñanza vale, y toda experiencia educativa contribuye a la construcción de un futuro más resiliente. La riqueza de una sociedad se mide por su capacidad colectiva de generar, compartir y aplicar conocimientos de manera continua y diversa.

Raul Castro-Cobos